Angélica dijo larguen, huyendo disparada del poema, ignorando lo imposible de su empresa. Aquí no hay salirse de la palabras, escurrirse entre las concupiscentes lenguas que la nombran. Desnuda para la orca en la Isla del Llanto, de arena entre los dedos gordos de los paladines enamorados, desposada automática de Medoro, raspando sus nombres en la mente de Orlando.
las leyes que gobiernan este mundo tipográfico incluyen las modificaciones que produce la contemplación de su cuerpo en fuga perpetua.
la red de oro nos envuelve, como la saliva de la araña que sabrá licuar siempre nuestra sangre.
este es sólo uno de los senderos que se abren en la selva, y son muchos los ilusionados.

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